Desafíos de las mujeres jóvenes, rurales y activistas en espacios de lucha por la justicia ambiental

En Centroamérica las mujeres jóvenes organizadas están desempeñando un rol cada vez más importante en la denuncia, protesta e incidencia pública para detener el avance de proyectos de gran capital que están destruyendo el medio ambiente y a comunidades enteras. Estos proyectos camuflados de desarrollo y respaldados por los Estados, incrementan la desigualdad, la violencia y la depredación ambiental, así como la criminalización y la persecución de activistas y defensorxs de los territorios.

En un panorama cada vez más complejo y de alto riesgo, las mujeres jóvenes, continuamente discriminadas por su género y por su edad, e invisibilizadas de los espacios de toma de decisiones, ahora también se juegan la vida por sus derechos y por la justicia ambiental. Esta realidad la conoce de cerca María Antonia Recinos Ayala, presidenta de la Organización de Mujeres Santa Marta, de El Salvador.

Desde los 15 años María Antonia es activista y portavoz de los derechos de las mujeres jóvenes en Centroamérica. Ha promovido la organización, educación y empoderamiento político de las jóvenes en la comunidad de Santa Marta, cuya población fue exiliada como resultado de la guerra civil en El Salvador. En los últimos años ha centrado sus esfuerzos en los conflictos ambientales, en particular los relacionados con proyectos mineros de su país y ha denunciado en varios espacios nacionales e internacionales, las amenazas, apropiaciones y acciones negativas de las corporaciones internacionales en El Salvador, así como el impacto de dichas actividades en el medio ambiente y las comunidades.

María Antonia participó recientemente en la 22ª Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 22), como una de las expositoras de la sesión “Cambio Climático y liderazgo de las mujeres jóvenes: vínculos, oportunidades y retos desde las trincheras”, organizada por el FCAM, El Fondo Feminista Joven, FRIDA y GAGGA. Ella nos comparte sus reflexiones sobre la sesión y sus impresiones sobre este evento internacional.

¿Sobre qué hablaste en la sesión?

Expuse a grandes rasgos la situación de la lucha anti minera en Cabañas, El Salvador y sobre el activismo de las mujeres jóvenes en la justicia ambiental. Además sobre los desafíos que implica involucrarse siendo mujer, rural y joven en estos espacios.

En el panel también reflexionamos sobre la criminalización e inseguridad que sufrimos al estar vinculadas a estos espacios de defensa, así como el rol cómplice de los Estados frente a las agresiones y el techo de impunidad que protege a los causantes de la violencia contra las defensoras.

¿Crees que las mujeres jóvenes están más involucradas en actividades como la que estuviste?

Creo que sí, cada vez somos más las mujeres jóvenes participando de estos espacios. Aunque hay mucho camino por recorrer para darle mayor fuerza a nuestras voces. Hay que seguir rompiendo barreras que nos impiden entrar en espacios de toma de decisiones que intervienen positiva o negativamente en nuestras vidas. Creo firmemente que las mujeres jóvenes podemos aportar mucha fuerza a estas luchas, desde nuestra alegría, esperanza, desde el arte, para transformar vidas.

¿Qué crees que debemos hacer las mujeres para participar en espacios como estos?

Primero creer que sí podemos llegar a espacios amplios y luego luchar por la posibilidad de estar en estos espacios, que históricamente han sido ocupados en su mayoría por hombres y población adulta.

Por supuesto que implica asumir nuestra participación con mucha responsabilidad y claridad de lo que implica estar en estos eventos, en los que se toman tantas decisiones y sobre las cuales no se consulta efectivamente a la sociedad civil que participa. También darnos cuenta que esto es oportuno para intensificar el trabajo territorial por la defensa de los territorios y contra grandes proyectos que negocian la vida.

La COP22 fue un evento enorme y del que su mismo presidente Salaheddine Mezouar, dijo “es una oportunidad para poner las voces de los países más vulnerables frente a los cambios del clima”. ¿Qué impresiones tuviste y qué reflexiones te generó la COP22?

Me sentí en una galería de exposiciones de lujo, en la que figuraban las transnacionales dando recetas de cómo cuidar el mundo a su manera, algo completamente ilógico, porque son ellas y su interminable ambición unas de las principales responsables de la destrucción del medio ambiente.

En la actualidad el medio ambiente está siendo el blanco de las transnacionales que saquean sin ninguna medida los bienes naturales, desplazando poblaciones completas, contaminando irreversiblemente sus ambientes, rompiendo sistemas de vida que ponen en riesgo la vida en todas sus expresiones.

Creo que la sociedad civil debe tener un rol más activo y crear nuestras propias condiciones de participación. Debe haber una “COP EN RESISTENCIA”, donde la sociedad civil ponga sus ojos e intervenga en las decisiones que se toman en estos eventos y preparar sus propias propuestas, trazar sus propias líneas de acción para defender la vida.

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Las organizaciones que trabajan por los derechos de las mujeres y la justicia ambiental, enfrentan grandes retos de cara a contextos amenazantes y rápidamente cambiantes, pero también existen oportunidades. La COP es uno de los eventos globales, que aunque tiene muchas debilidades, es el espacio donde se están tomando decisiones de alta repercusión para el planeta y también se están logrando algunos avances. Es fundamental que las organizaciones que integran los movimientos por los derechos de las mujeres y la justicia ambiental se conozcan, se articulen y estén bien informadas sobre las dinámicas de los espacios de incidencia global, para poder incidir con mayor fuerza y efectividad en ellos.


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