El mundo está patas arriba. ¿Qué hacemos los donantes para darle la vuelta a favor de los derechos humanos?

Por Carla López C., Directora Ejecutiva del FCAM y Co-presidente de Prospera – la Red Internacional de Fondos de Mujeres.

El 21 de enero, un día después de la toma de posesión del presidente de EE.UU., Donald Trump, aproximadamente cuatro millones de personas participaron en la Marcha de las Mujeres en Washington y otras ciudades alrededor del mundo. Entre las personas asistentes se podía sentir una mezcla de sentimientos: fuerza, sororidad, solidaridad, rabia, rebeldía, humor, esperanza. La Marcha de las Mujeres incluyó muchas demandas, entre ellas, los derechos sexuales y reproductivos, y acciones por el cambio climático. Más que una protesta por las políticas del nuevo presidente, las marchas demostraron el vasto poder de los movimientos sociales.

Dos días después de la marcha, el presidente Trump firmó una orden prohibiendo que reciban fondos públicos del Gobierno de EE.UU. aquellas ONG extranjeras que defienden el derecho al aborto, hacen cabildeo, brindan información o prestan servicios relacionados. Un día más tarde, leí la noticia de que el presidente Trump firmó una orden ejecutiva reactivando la construcción del oleoducto en Dakota del Norte, a pesar de toda la resistencia de la comunidad y de los daños ya ocasionados por este proyecto.

La primera semana de funciones del presidente Trump fue devastadora para la comunidad por los Derechos Humanos. Sin embargo, es claro que no se trata solamente de los EE.UU. y de Trump; escenarios similares los encontramos en Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala y muchos otros países de América Latina y el resto del mundo. Los desafíos que enfrentamos ahora, reflejan una crisis global y ameritan de una respuesta global.

En medio de todas estas noticias, comencé a leer la quinta edición del informe producido por International Human Rights Founders Group y Foundation Center, “Avanzando por los Derechos Humanos: una herramienta de conocimientos para donantes”. A medida que leía, iba encontrando muchas cosas interesantes, algunos indicadores que crecieron o disminuyeron en relación a informes anteriores, así como nuevos hallazgos. Entre otras cosas, el reporte resalta la creciente visibilidad y el rol vital de los donantes basados en el hemisferio sur, así como la importancia de la colaboración.

De acuerdo al informe, los donantes localizados en el sur global entregaron $63.5 millones a través de 2,259 donativos a 1,837 receptores, en el período que cubre el informe (2014). Buena parte de los donantes en el sur, son fondos de mujeres, los cuales han ido abriendo camino, movilizando recursos a nivel local e internacional que de otra forma no llegarían a los grupos de base en sus países y regiones. De ahí que en la lista de las fundaciones del sur que otorgaron la mayor cantidad de donativos, aparezcan el Fondo Centroamericano de Mujeres (FCAM) y African Women’s development fund (AWDF) con 155 y 153 donativos, respectivamente.

Los desafíos actuales no pueden abordarse aisladamente, los donantes necesitamos entender la intersección que hay entre ellos y construir estrategias que respondan a los mismos.

Algo que quiero resaltar es que, según los datos totales, el 37% del financiamiento estuvo enfocado en acciones de incidencia y solamente el 7% y el 3% respectivamente, se ubicaron en debates públicos y en las organizaciones de base. Debemos asegurar que las voces de las comunidades y de las poblaciones más excluidas se escuchen en los espacios de incidencia y toma de decisiones; debemos aportar recursos y fortalecer el diálogo entre movimientos, así como establecer espacios y plataformas en las cuales los donantes se comprometan.

Cuando trabajamos por la justicia social, las cosas que nos unen son más que las que nos dividen. Ya sea que nos denominemos donantes para los derechos humanos, o no, para tener un mayor impacto debemos prestar atención a los aspectos en común y a los vínculos que existen entre nuestros ejes de trabajo. Por ejemplo la criminalización de la protesta social está presente en los distintos movimientos; los pueblos indígenas están siendo mayormente reprimidos por defender la tierra y sus prácticas ancestrales; la penalización absoluta del aborto trae mayores peligros a las mujeres embarazadas que son afectadas por alguna epidemia como el Zika. Enfrentar cada problema de manera aislada, no solamente reduce nuestro impacto, sino que incrementa la duplicidad de los esfuerzos.

Es indispensable que las fundaciones colaboremos las unas con las otras. Hay muchísimas cosas que podemos hacer juntas: aprender de los enfoques y experiencias; apalancar más recursos para los derechos humanos; crear relaciones horizontales en las cuales las fundaciones del sur y las del norte puedan colaborar como pares; y juntarnos con otros actores claves para fortalecer nuestras estrategias.

La Global Alliance for Green and Gender Action (GAGGA) es un ejemplo de lo dicho anteriormente. FCAM, Mama Cash y Both ENDS, lanzamos esta alianza a inicios del 2016. Se trata de una colaboración de cinco años con el Ministerio Holandés de Relaciones Exteriores, para fortalecer las capacidades de lobby y abogacía de grupos de base que trabajan por los derechos de las mujeres y la justicia ambiental. Para la implementación de este programa en 30 países de tres continentes, trabajamos con 11 fondos de mujeres, 4 fondos ambientalistas, ONG y grupos de base. El apoyo que brindamos es flexible y multianual. Un componente esencial del programa es que junta a diversos actores clave para conectar a los movimientos de mujeres y ambiental a nivel local, nacional e internacional, en pro de la justicia social.

Global Greengrants Fund y Prospera –la Red Internacional de Fondos de Mujeres, ambos socios estratégicos en GAGGA, ya habían hecho un importante trabajo para facilitar el aprendizaje entre donantes por la justicia ambiental y donantes por los derechos de las mujeres. Ahora estos esfuerzos pueden desarrollarse aún más. Hay otras alianzas interesantes e importantes que se han desarrollado y se siguen negociando; la razón por la cual resalto GAGGA, es porque se trata de una colaboración horizontal entre fundaciones del sur y del norte.

En el informe es evidente que las fundaciones filantrópicas reflejadas en él, tenemos interés por hacer las cosas de la mejor manera, involucrando a los actores claves y con flexibilidad para incorporar enfoques novedosos. Algo que ha sido visible a lo largo de los años y que se confirma en este informe, es la gran disposición para compartir conocimientos y aprender de otros con el fin de incluir nuevos enfoques, nuevas poblaciones y nuevos temas.

Estamos trabajando con los movimientos que están haciendo frente a todas las amenazas actuales, aquellos movimientos que están en las primeras filas de las luchas y las fundaciones debemos continuar con el compromiso y la obligación de apoyarles más y de mejor manera. Y aunque a veces los desafíos y las amenazas nos abrumen, debemos confiar en la fuerza de los movimientos sociales; en su resiliencia y en la nuestra; debemos actuar y demostrar nuestro compromiso con la justicia social.

Respiremos profundamente y recordemos las palabras de Arundhati Roy: “Otro mundo es posible, ella viene en camino. En un día tranquilo, puedo oírla respirar”.

 


Carla López recientemente se integró al Comité Asesor de la iniciativa “Avanzando por los Derechos Humanos: una herramienta de conocimientos para donantes”. Este artículo fue originalmete publicado en The International Human Rights Funders Group: http://linkis.com/ihrfg.wordpress.com/4GQJT

 


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