Las mujeres y su lucha por el agua

Las mujeres y los hombres tienen diferentes modos de relacionarse con el agua. En la cultura nicaragüense se encuentra arraigada la creencia de que las labores domésticas y el cuido de la familia son obligaciones de las mujeres. Como consecuencia, la provisión del agua en los hogares es responsabilidad de ellas. Cuando el líquido escasea, las mujeres son quienes más lo resienten.

Nereida González, coordinadora de la organización La Cuculmeca, habló con el FCAM sobre el papel histórico que las mujeres han jugado en el acceso, manejo y protección del agua. Esta organización trabaja el tema medioambiental en el departamento de Jinotega, una zona eminentemente rural, donde las campesinas todavía extraen el agua de ojos naturales (fuentes naturales como ríos) y no de tuberías potabilizadas.

“La vida misma nos dice que el agua es sustancial para todas las actividades. En el caso de las mujeres, tiene un vínculo fuerte con el trabajo en la casa. Ellas deben garantizar el recurso para sus familias”, señaló Nereida.

Acarrear agua ocupa buena parte de las jornadas de las mujeres. Generalmente, rellenan barriles tres veces por día. Existen comunidades donde deben caminar largas distancias (incluso kilómetros) para abastecerse de la fuente hídrica. El tiempo invertido en la recolección del agua merma el tiempo que las mujeres podrían dedicar a otras actividades.

Afectaciones a la salud e inseguridad

Con el tiempo, cargar litros y litros de agua causa problemas en la salud de las mujeres y niñas. Pero también las expone a los caminos, donde son propensas a sufrir asaltos, violaciones y otras situaciones de riesgos.

De acuerdo al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), “en los países en desarrollo atender a los hijos, cuidar enfermos y ancianos, preparar la comida; buscar agua y leña son tareas dominadas por las mujeres”.

 “La búsqueda de agua es parte de la desigualdad de género”, enfatiza el PNUD.

La coordinadora de La Cuculmeca asegura que cuando viajan a las comunidades de Jinotega constatan que quienes acarrean el agua son las niñas y niños. Sin embargo, es sobre las niñas que recae la responsabilidad del abastecimiento del líquido.

“Levantarte a las 4 ó 5 de la mañana para ir a recoger agua y luego alistarte para irte a la escuela, es cansado. Las niñas y niños no tienen las mismas energías para cumplir en la escuela. Significa una gran carga para las niñas que, además, están expuestas a situaciones de peligro”, agregó González.

Ellas, las más preocupadas

La recolección del agua tiene un gran impacto en la protección y seguridad de las familias, en particular de las mujeres y las niñas. Las mujeres se encuentran sometidas a largas caminatas, y, aunque consideran que el agua es vital para todas las actividades del hogar, las implicaciones que genera el no tener acceso cercano a su vivienda, les causa estrés y frustración.

“El hecho de no tener agua y la necesidad de acarrearla desde lejos, les enseña a optimizarla para que rinda, y de eso manera ahorrarse los viajes diarios”, afirmó González. “No sólo tiene que ver con el derroche del agua, sino también es una cuestión económica. Es decir, en el caso de que tengan sistemas de agua instalados en la comunidad, debés cumplir con el pago. Esto trastoca a todas las mujeres”, sostuvo.

El hecho de que la carencia y el deterioro de las fuentes de agua afecten a las mujeres, responde a la estructuración del sistema patriarcal, según la coordinadora de La Cuculmeca.

“Los hombres se dedican a la producción y la mujer debe tener garantizado el alimento. Si no hay agua para los hombres no es una preocupación, porque es la mujer la que debe tener lista y servida la comida cuando él regrese. La mujer, al sentirse sola porque el hombre no colabora en estas tareas, se apoya de los niños”, afirmó González.

Poca agua, poco cuido

El problema del abastecimiento del agua en varias zonas de Nicaragua se ha agudizado con el tiempo. Ríos secos, contaminación por producción de agroquímicos y la explotación de oro, entre otras problemáticas han sido las causantes de enfermedades y del deterioro de muchas fuentes de agua.

“Hay comunidades recónditas fronterizas con Honduras, donde la gente consume agua del Río Coco, que no es apta para consumo humano. Otro de los contaminantes son las maquinas que se instalaron para la explotación del oro”, insistió González, en referencia a la extracción artesanal del preciado metal, en cuyo proceso se usa mercurio, uno de los peores seis contaminantes del planeta.

González recordó a la población que el agua está vinculada a otros recursos, como los bosques. En la medida que se protejan las áreas boscosas, se protegen las fuentes de agua. “Hay que hacer conciencia de que se tienen que cuidar los bosques. Una vez que se tenga esa consciencia todos se preocuparán por la protección de las fuentes”, exhortó.

El agua es nuestro derecho

La coordinadora de La Cuculmeca considera que las mujeres, jóvenes y niñas deben apreciar la importancia de la defensa y protección del agua para sus vidas y el ejercicio de sus derechos.

“Sobre todo en nuestro contexto: cada día es más escasa. Ellas deben estar enteradas que es un derecho humano, deben demandarlo en sus comunidades ante las mismas autoridades”, apeló González.

La coordinadora de la Cuculmeca señala que ya hay muchos conflictos por el agua. Las poblaciones van en aumento y el líquido de las comunidades no abastase a poblaciones enteras. No solo en el llamado Corredor Seco (occidente y parte noroccidente de Nicaragua) la merma de agua afecta a las comunidades.

“Nosotras vamos a comunidades que se ven bastante verdes, con vegetación pero sin agua. No se puede descartar que en un futuro no muy lejano haya más conflictos por la escasez de agua”, advirtió González.

 

 


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